Ignacio Padilla: físico cuentico, narrador de historias, coleccionista de cuentos.

Entrevista

“Escribo por amor y por venganza, para producir en otros lo que han producido en mí.
Colecciono historias. Mis novelas son como baúles de cuentos”[1]

El Dr. Ignacio Padilla, Nacho, como él se presenta siempre de manera desenfadada y amable, es Licenciado en Comunicación por la Universidad Iberoamericana, maestro en Literatura inglesa por la Universidad de Edimburgo y doctor en Literatura española e hispanoamericana egresado de la Universidad de Salamanca. Cada uno de estos títulos indica sus gustos y pasiones: pensador de la comunicación; entusiasta lector, traductor y crítico de la literatura anglosajona y seguidor irrestricto de Cervantes y El Siglo de Oro.

Físico cuentico o Contador de cuentos, ha obtenido una gran cantidad de premios nacionales e internacionales. Sobre la escritura ha dicho que se trata de:

“empujar lo más cerca posible nuestra palabra a lo indescriptible. No podemos no escribir. A menos que la literatura te diga NO a ti. Mientras tanto, no hay más remedio que seguir escribiendo.”

Su obra ha sido traducido a muchos idiomas y desde el 11 de febrero de este año es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua; pero, lo que yo deseo subrayar, es que comenzó su carrera en el fabuloso mundo de la literatura infantil y juvenil en 1994, cuando obtuvo el premio Cuento Infantil Juan de la Cabada, por Las tormentas del mar embotellado. A propósito de su carrera literaria señala que desde muy joven tuvo la oportunidad de contar con otros locos como él:

“Somos mis amigos y yo, mi archipiélago de soledades. En un país donde no se lee, vivimos una época de una gran generación de escritores.”

Habla de una fórmula clave: “Talento, oficio y vocación; más la tierra fértil de la publicación. Los momentos felices de la escritura surgen cuando estas cosas se dan.”

Nacho tiene ya cuatro libros de la literatura infantil publicados y como ochorrocientas ideas más guardadas en el cuaderno mágico que siempre carga; su último volumen: Todos los osos son zurdos, ilustrado por Trino y editado por el Fondo de Cultura Económica, ha obtenido excelentes comentarios de la crítica especializada, esto es, de niños y niñas que disfrutan las aventuras de Rulo y Victoria, zurdos ellos como todos los osos polares y como Nacho. Como él señala: “Todo es contable”.

La LIJ creada por nuestro nuestro escritor solicita lectores inteligentes, con sentido del humor, capaces de jugar el juego, soñadores del mundo que construyen puentes entre la fantasía y la realidad; seres capaces de deleitarse con la realidad preñada del ingenio de la imaginación. Esto es, va dirigida a todas las niñas y los niños del mundo, incluyendo a los adultos que no han olvidado que la infancia no tiene edad y subyace siempre en el corazón humano.

“Todos escribimos un único libro, nuestros libros son sólo capítulos, nunca termina.”

“Cada objeto cuenta una historia.”

Agradecemos de manera muy especial la generosidad de Nacho quien nos ha permitido entrevistarlo para este número de la Revista electrónica dinámica literaturainfantilyjuvenil, es un cómplice activo en estos asuntos de la LIJ: promotor incansable de la lectura, comprometido gestor y un amigo que nos impulsa siempre a seguir en este camino difícil pero entrañable del estudio y proyección de la LIJ.

“Estoy preocupado por la promoción de la lectura y por el futuro de nuestros niños.”

“Tenemos que  romper con el fetichismo del libro, esa veneración del objeto libro que no se toca, no se raya, no se saca del librero. Tenemos el libro infantil, genera una esperanza.”

“En el futuro, la inmensa minoría serán los lectores. Todos iremos con nuestros manuscritos bajo el brazo tras el lector, por un autógrafo.”

Padilla, Ignacio. Todos los osos son zurdos. Ilustra. Trino. A la orilla del viento 207, “Para los que empiezan a leer”. México: Fondo de Cultura Económica, 2010.

Nacho y Trino unen su talento para elevar el tono humorístico del volumen que es una sátira y al mismo tiempo una parodia de algunos modelos y lenguajes del mundo adulto: del enfoque cientificista, las sociedades secretas, las de reivindicación social así como las declaraciones de derechos de los diferentes grupos que conforman el arcoíris humano. Y es que el humor nos permite ver los temas más solemnes o las cosas más serias de la vida en su justa dimensión, no hay como un buen chiste para liberar tensiones, para rescatar el sentido común y notar el absurdo de la vida, la ruptura de la lógica.

Rulo, el protagonista de la obra, tropieza y rompe todo lo que encuentra en su camino, sus padres son científicos y tienen una tabla de castigos para él. Rulo sigue la lógica científica de los padres para descubrir por qué le pasa lo que le pasa, así descubre “la Ley de la Rompitud de las Cosas”,  porque “a las cosas les gusta romperse. El universo entero está hecho de cosas que sueñan con hacerse pedazos unas contra otras.” (13). Sus padres no están de acuerdo con él y buscan una respuesta médica que no encuentran, aunque suponen que es un problema de motricidad, palabra que Rulo transforma en monstruosidad, está enfermo de monstruosidad ¡qué horror! Pero la profesora Antonomasia cree que él es así porque es zurdo, una palabra mágica que desencadena el resto de la trama. Otra niña zurda llega a su escuela y hay competencias, sociedades secretas y mucho humor.

Es un texto se desarrolla con un ritmo ágil, tanto por la escritura como por la trama que nunca decae o aburre. Ingredientes claves que desencadenan la risa son las enumeraciones que exageran hiperbólicamente las cosas:

Si reprobaba un examen podría decir que el examen no estaba bien preparado para zurdos. Si no quería dormir temprano diría que los zurdos deben dormir menos que los diestros. Todo podría explicarlo la Ley Antonomasia. No era culpa de Rulfo que la naturaleza lo hubiera hecho izquierdo. Los zurdos merecían que el mundo entero les tuviera mucha paciencia. Rulo no sólo era especial: era también especialmente desgraciado. Le gustaba pensar en sí mismo como la mayor víctima del universo; pero eso lo hacía sentirse poderoso. Sería zurdo para siempre y todos tendrían que perdonarle lo que hiciera o dejara de hacer por el sólo hecho de ser zurdo. (27)

El tema de la diferencia y de la otredad está tratado de manera natural, con esos toques de ironía que detonan el humor y la reflexión después de la risa. Libro muy recomendable que enriquece nuestro panorama editorial.

[1] Los textos en cursivas son palabras textuales del autor y corresponden a su participación en el ciclo: Egresados escritores, organizado por ASPOLEM (Asociación de egresados del posgrado en Letras Modernas) en la UIA el 13 de abril del 2011 en el Auditorio Ernesto Meneses de la UIA.

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