A manera de prólogo
Doscientos años, se dice fácil y se dice rápido, pero esos años implican múltiples cambios sociales, políticos y culturales. Los temas que se estudian no agotan todas las posibilidades, siempre hay más, siempre queda algo en el tintero, hay artistas y obras literarias que aguardan su momento, esfuerzos que nos conforman y que hemos olvidado. Por esta razón, en la búsqueda de nuestros pioneros en la literatura infantil y juvenil, nos propusimos hacer este número especial. Surge de un Seminario de investigación que impartí en la Licenciatura en Literatura Latinoamericana de la UIA, en el periodo de Primavera del 2010, se trata de un primer esfuerzo por reunir la información, analizar los textos y comprender su momento. A esta tarea inicial deberemos agregar estudios más profundos, comentarios especializados y una mirada crítica desde nuestra contemporaneidad. Pero todo surge con un ejercicio de toma de conciencia, mismo que damos ahora agradeciendo el esfuerzo de quienes nos antecedieron en la tarea y a quienes citamos con orgullo en las bibliografías que acompañan los diferentes artículos.
Las jóvenes que abordan este proyecto lo hacen con gran entusiasmo, tienen ahora una visión más o menos completa del desarrollo de la LIJ en nuestro país y muy probablemente serán parte de los estudios futuros que necesitamos. Podrán notar que hay obras y autores/as que se repiten, esto es natural, porque las épocas se tocan, se mezclan y se contagian.
Quienes trabajamos en este sitio electrónico, dedicado a la divulgación académica de la LIJ, nos sentimos especialmente orgullosos de presentar estos trabajos de gente joven, como el resultado de una mirada atenta que busca valorar los esfuerzos que se han realizado a favor de más y mejor literatura infantil y juvenil.
Antecedentes
Todavía fluye el debate sobre cuándo comienza la LIJ, si debemos remontarnos a lejanos antecedentes o sólo enfocarnos al momento en el que se crea con conciencia y se trabaja en ella. Me permito señalar que siempre hay simientes, que esos puntos de partida no se pierden y siempre guardan relación con lo que surge después, por ejemplo, si ahora hablamos de la famosa literatura de alta fantasía que surge con El señor de los anillos (1954-1955) de J. R. Tolkien, no podemos dejar de lado toda la épica que le precedió, no se entenderían o comprenderían sus rasgos característicos si los géneros de la épica no se hubieran desarrollado. De esta manera, me permito señalar brevemente los antecedentes que alcanzo a vislumbrar de la LIJ en México. Hablamos de un corpus destinado a los jóvenes lectores o escuchas de nuestro país, aunque no de manera exclusiva, porque la tradición es inclusiva y se hablaba para toda la comunidad.
En la tradición prehispánica encontramos los famosos Huehuetlatollis, “dichos de viejos” o “preceptos de los ancianos”, palabras que buscaban transmitir a niños/as y jóvenes una cosmovisión, una manera náhuatl de comprender el sacrificio personal, la humildad, el esfuerzo constante, el respeto a los valores de la comunidad y la fugacidad de la existencia. En estos discursos subyace la búsqueda educativa, una función que se hace acompañar de recursos literarios característicos de la literatura náhuatl: epítetos dulces, repeticiones, comparaciones con flores, plumas o piedras preciosas.
Y entre tanto que somos, bivimos y en nuestra presencia y antes que muramos, antes
que nos llame nuestro señor, conviénete mucho, hija mía muy amada, mi paloma, mi
primogénita, que entiendas en estas cosas dichas y las sepas muy bien .
(Sahagún “Libro sesto, cap. 18” Historia 495-496). (SIC)
Esta referencia ya aparecía en el volumen La literatura infantil en México (desde los aztecas hasta nuestros días) (1950) de Blanca Lydia Trejo, escritora y pionera de la LIJ en nuestro país.
De manera paralela a los discursos morales ya mencionados, existían una gran cantidad de mitos y leyendas que se transmitían de manera oral en lugares públicos, muchas de estas historias perviven en la tradición oral, aunque otras han sido fijadas gracias al esfuerzo de grandes investigadores como Fray Bernardino de Sahagún, Fray Diego Durán, Miguel León-Portilla o Ángel María Garibay.
En el mundo novohispano
Los libros religiosos dominaron el panorama, además de las gramáticas y vocabularios, principalmente los Catecismos o Doctrinas. Entre las primeras obras se menciona la de Fr. Pedro de Gante escrita en mexicano: Catecismo de la Doctrina Cristiana (1528):
Responden figuras y signos, que forman el Catecismo, a un tipo de escritura
ideográfica, utilizada como medio mejor para el entendimiento entre quienes, en un
principio, sólo disponen del arte gráfico para comunicarse. (Santiago Gómez 50)
Los catecismos ilustrados querían atraer a los niños indígenas y explicarles los fundamentos de la fe. La idea fue de Fray Jacobo de Testera y por eso se les conoce como “catecismos testerianos”.
La mención expresa del destinatario infantil revela que los misioneros consideraban a
los niños indígenas como la parte de la población nativa más fácil de
evangelizar.” (Santiago Gómez 49).
Las novelas de caballería se leían pese a la cédula del 4 de abril de 1531 que prohibía “libros de romances de historias vanas o de profanidad, como son de Amadís e otros de esta calidad, porque éste es mal ejercicio para los indios, e cosa en que no es bien se ocupen ni lean.” (Cit. en González Peña 46). Este edicto limitó el desarrollo del género novelístico, hasta la aparición en 1690 de los Infortunios de Alonso Ramírez del célebre autor mexicano D. Carlos de Sigüenza y Góngora. En esta narración se relatan las aventuras y desdichas de un joven de Puerto Rico que cae en manos de piratas y logra escapar hasta llegar a las costas de Yucatán. Don Carlos escucha de sus labios todos los sinsabores del viaje y los escribe. Juego antiguo del escritor como el depositario de los secretos del protagonista, el que oye las experiencias del otro. Entra en el mundo de las historias de piratas.
En 1802 surge un volumen fundamental para el estudio de la LIJ en México, Fábulas morales para la provechosa recreación de los niños que cursan las escuelas de primeras letras, de José Ignacio Basurto, sacerdote del pueblo de Chamacuelo, Michoacán. Considerado como la primera obra escrita, con fines lúdicos o recreativos para los niños en nuestro país, por un autor mexicano, así lo sostienen Dorothy Tanck de Estrada y Rebeca Cerda González quien ha publicado en Nuevos rumbos en la crítica de la Literatura Infantil y Juvenil (2010 editado por la UIA) un estudio dedicado a este tópico. En estas fábulas, editadas por Pedro C. Cerrillo, Rebeca Cerda González y Dorothy Tanck de Estrada este año en ediciones de la Universidad Castilla-La Mancha, el aspecto pedagógico o educativo se mezcla con la fantasía y logra un buen equilibrio.
Don Carlos González Peña comentó a propósito de este autor: “versifica con fluidez y corrección, y es, como fabulista, agradable y fácil [...]” (124). Las historias son 24 fábulas originales que se ambientan en México por lo que resulta familiar para sus receptores:
Fábula VII/ “El Rústico”
Un Rústico tenía
Guardadas en su caja
De plata un pedacillo,
Y de azogue una taza,
Quando por contingencia
Este se le derrama
Y vé que al punto corre
A unirse con la plata:
Se admira al vér las muestras
De amor en él tan claras,
Y dice: venid hijos,
Venid á ver la Pauta
De Amistad en la unión,
Con que estos dos se enlazan.
Pero cuando pretenden
Forman no sé que alhaja
De la plata, y para esto
A un Artesano llaman,
Vé que este en el crisol
Sobre encendidas brasas
La echa y que allí el azogue
Vuela y la desampara:
Levanta el grito, y dice:?¡O! como me engañaba
La unión con que el azogue
Se estrecha con la plata:
Ser su amigo creía,
Mas es amistad falsa
Que el verdadero Amigo
Se prueba en las desgracias (Basurto 59-60).
La época independiente
La primera novela de América fue El Periquillo Sarniento (1816), el autor fue José Fernández de Lizardi (1776-1827), “El pensador mexicano”, quien dedicó su vida a la lucha por la independencia, por sus ideas y publicaciones, llevó una existencia difícil. En su obra literaria: cuatro novelas, nueve obras de teatro más toda su producción periodística, nos presenta, con crudeza e ingenio, la vida de la gente común en el México del virreinato, así como sus ideas morales. Sobre El Periquillo se puede decir que tiene como destinatario a los jóvenes lectores, tal y como lo señala su narrador protagonista:
Esta obrita no es para los sabios, porque éstos no necesitan de mis pobres lecciones; pero sí puede ser útil para algunos muchachos que carezcan, tal vez, de mejores obras en que aprender, o también para algunos jóvenes (o no jóvenes) que sean amigos de leer novelitas y comedias; y como pueden faltarles o no tenerlas a mano algún día, no dejarán de entretenerse y pasar el rato con la lectura de mi vida descarriada.
En ella presento a mis hijos muchos de los escollos en dond emás frecuentemente se estrella la mocedad cuando no se sabe dirigir o desprecia los avisos de los pilotos experimentados. (Fernández de Lizardi 11).
La picaresca está presente, en cuadros de costumbres, en críticas sociales agudas y descarnadas, en situaciones humorísticas y absurdas que provocaban la risa de los lectores. También hallamos algunos discursos moralistas que rompen el ritmo de la historia con lecciones que buscan educar al receptor. Más tarde, publicó La Quijotita y su prima (1818) con evidente espíritu moralista y pedagógico, pretendía aleccionar a las jóvenes de su tiempo para que siguieran las normas y las buenas costumbres, no tiene el humor de su primera novela.
Ahora los dejamos con los trabajos de nuestras jóvenes investigadoras y festejamos en este número el desarrollo de la LIJ en México.
Laura Guerrero Guadarrama
Bibliografía:
- Basurto, José Ignacio. Fábulas. Col. Arcadia No. 19. Eds. Pedro C. Cerrillo, Rebeca Cerda González y Dorothy Tanck de Estrada. Cuenca: ediciones de la Universidad de castilla_La Mancha, 2010.
- Cerda, Rebeca. “Un aire novohispano para la literatura infantil.” Coord. Laura Guerrero Guadarrama. Nuevos rumbos en la crítica de la literatura infantil y juvenil. México: Universidad iberoamericana, 2010.71-108.
- Fernández de Lizardi, José Joaquín. El Periquillo Sarniento. México: Promexa, 1979.
- González Peña, Carlos. Historia de la literatura mexicana desde los orígenes hasta nuestros días. Col. Sepan Cuantos 44. México: Editorial Porrúa, 1981.
- Guerrero Guadarrama, Laura. “Literatura infantil y juvenil en el México posmoderno.” Eds. Carmen Becerra Suárez y Ana Fernández Mosquera. Diálogos intertextuales 1: De la palabra a la imagen.
- Estudios de literatura infantil y juvenil. Frankfurt: Peter Lang, 2010.11-25.
- Sahagún, Fray Bernardino de. Historia General de las Cosas de la Nueva España, I. Ed. Juan Carlos Temprano. Crónicas de América. Madrid: Dastin, 1990.
- Santiago Gómez, Arnulfo Uriel de. La letra niña. México: raíces mesoamericana y colonial de una literatura infantil. Guadalajara: Universidad de Guadalajara. Tesis de maestría. 1999.
- Trejo, Blanca Lydia. La literatura infantil en México (desde los aztecas hasta nuestros días). México: s. e., 1950.
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